
Una vez leí que amar a alguien supone que esa persona sea una extensión de uno mismo. Al principio no me gustó demasiado esta definición, pues evocaba la idea de que la otra persona me pertenecía o que eso sería codependencia afectiva (sin ti no soy).
A día de hoy, para mí, el amor es unión. Concebir el amor como “formar parte” o “extensión” de tu ser también es hablar de unión. Y, si hay unión, hay también frontera.
Esta unión puede ser más central y profunda (a nivel de intimidad) o más periférica o superficial. Según la personalidad, el momento vital y con quién, creo que puede haber todo tipo de uniones/amores/extensiones.
A mí me gustaría hablar de las más profundas y fusionales, sobre todo de las propias de la pareja.
Te trato como me trato

Concebir el amor como unión en la que el otro es extensión de mi yo me permite entender por qué tratamos a nuestro amor de forma parecida a cómo nos tratamos. Si yo soy muy exigente conmigo mismo, seré exigente con mi pareja. Si hago un trabajo personal para tratarme con amabilidad, será más fácil ser amable con la otra persona.
Pero… ¿siempre es así? ¿Acaso no hay personas que se tratan a sí mismas con exigencia pero tratan a los otros con permisividad (incluso en la pareja)? Imagino que no es tan simple. Qué difícil es escribir en general las cosas que requieren un análisis por cada caso.
Yo creo que esto de tratar al otro igual que me trato tiene que ver cuando la otra persona pasa a ser parte del yo a nivel profundo y fusional. Ya no hay otredad; lo más vulnerable y profundo de ti sale en compañía de esa persona. De alguna manera hay cierta pérdida de empatía y de consideración de la individualidad, libertad y derechos de la otra persona.
El vacío cuando el amor se rompe

Hay amores que arraigan en el centro de uno mismo, y cuando se rompen se siente como desgarro fatal, como si se separaran dos siameses con un solo corazón.
Lo malo del amor profundo es que se crea dependencia y apego. Podríamos discutir si un amor de pareja —o a un hijo— debería arraigar en el centro o mantenerse al margen, pero mantengamos la idea de un amor profundamente íntimo.
La ruptura de un amor así duele, y su superación es un viaje de recuperación hacia un yo completo.
El vacío se siente en el cuerpo. Yo lo he sentido en el corazón, sobre todo. También en el plexo solar y en el estómago. Durante mi duelo con mi ex-mujer estos dolores me llevaron a capas de vacío anteriores a mi relación. Hay experiencias en la infancia que te marcan profundamente y no siempre se consiguen integrar.
También podríamos hablar de que la sensación de vacío conecte con algo espiritual, tal como el budismo concibe, o el existencialismo. Yo sí creo que sentir el vacío es parte del camino espiritual, aunque iría con cuidado con saber discriminar cuándo es un vacío existencial fruto de sentir una dimensión de la existencia profunda y cuándo una herida o duelo del pasado. Ya sabéis que suelo criticar que la espiritualidad suele confundir ambos dominios por falta de consideración del peso de lo humano.
En cualquier caso, por mi propio proceso personal (del cual recibo un valioso apoyo de mi psicóloga), me motiva a seguir entrando en contacto con profundos vacíos angustiosos que voy aprendiendo a sostener para poderlos respirar y sentir, sin urgencia de cambiar o controlarlo, sin tener que huir o anestesiarlos con comida o sexo, entre otras estrategias.
Y recuerda: sostener no es aguantar: es acompañar lo que pasa sin añadir (auto)violencia.
Así, de una forma inesperada, cada vez soy más libre, cada vez más puedo abrirme más y mejor al mundo, con menos miedo y defensividad; y mis relaciones son más profundas y auténticas (o no profundizo tanto con tal de obtener seguridad en el vínculo sino como proceso natural y genuino).
Cierre

Paradójicamente, cuanto más en mi centro estoy, menos centro del mundo necesito ser.
Cada vez tengo menos ganas de poner atención en mí. Debe ser por el tópico de que el sufrimiento motiva el autoconocimiento.
Cada vez puedo admirar más todo y todos los que me rodean. Debe ser por el tópico de que las personas felices participan más en el mundo y conectan más con los otros.
¿Podría estar en los tópicos la clave de todo? ¿Podría estar lo que siempre busqué en las primeras palabras que me aconsejaron?
A veces lo difícil es practicar lo obvio.

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