El sufrimiento de evitar vivir y vivir lo evitable
Sufrimiento dual, confusiones y contexto
Me suelen decir que pienso demasiado y siento poco. En mi caso, estoy seguro que si no sintiera tanto no pensaría tanto.
¿Que en malos momentos puedo malpensar tanto que alimente el malsentir?
Sí, por descontado que mi pensar puede llevarme a sufrir más por culpa de entrar en bucle. Por ello la importancia del buen pensar. Un buen pensamiento permite gestionar más óptimamente casi cualquier sentir.
Tampoco creo que la gestión del sufrimiento requiera solamente de buen pensamiento sino también del buen hacer y el buen sentir, con presencia, respiración y mucho cuerpo.
Pensar, hacer y sentir. Todo es importante.
Tipos de sufrimiento

Simplificando quizás un poquitín -pues el sufrimiento forma parte de una compleja maraña de emociones y circunstancias- podríamos clasificar el sufrimiento personal en dos grandes tipos:
Sufrimientos LÍMITE que hay que evitar porque indican límites personales innegociables. Sufrimientos que son como señales de tráfico que nos advierten de peligros inminentes, como un malestar físico por cierta dosis de alcohol o cierto grado de estrés social. Está bien aceptar un límite así pues nos protege. Sería inútil intentar coexistir en paz con dicho sufrimiento. No nos aporta nada, solamente indica un STOP.
Sufrimientos LIBERADORES a los que hay que exponerse de forma gradual. Son llaves que abren puertas a nuevas experiencias y al crecimiento personal, como cuando nos gustaría escribir y publicar un libro pero tenemos miedos, o cuando querríamos tocar un instrumento pero sentimos inseguridad, o cuando querríamos expresar ciertas necesidades con la pareja pero nos aterra su reacción.
Que sí, que es muy simplista. Pero esta clasificación nos va a dar juego. Sé que hay sufrimientos que solamente son eso: el sufrimiento propio de la vida, que te jode y ya está. Ni indican una barrera ni una puerta, solamente son.
Confusiones

Seguramente hay zonas grises a explorar para determinar cuándo un sufrimiento revela una oportunidad de crecimiento (“sufrimientos liberadores”) o un límite, un dolor imposible o improbable de poder llegar a integrar en nosotros con cierta paz (“sufrimientos límite”).
En cualquier caso, puede ser muy problemático cuando confundimos ambos sufrimientos:
Confundir un sufrimiento LÍMITE (que sí sería pero que no identificamos) con uno que es LIBERADOR (que no lo es pero se piensa que sí).
Es decir, creo que aunque sufra puedo cambiar (pero no).
La confusión: cuando sufrimos pensando que es cuestión de tiempo, que es un sufrimiento que no debemos limitar porque nos está impidiendo ser nosotros mismos.
La realidad: no nos damos cuenta que aquello que queremos cambiar se trata de algo muy central y esencial en nosotros y que no hay que cambiar ni juzgar como algo a evitar. Paradójicamente, estaríamos negando nuestra esencia y vitalidad al intentar ser libres de algo que juzgamos que nos limita pero que realmente sería un limite que nos define y nos libera para poder sentir quienes somos y la vida. Buuuuffff, vaya frase de mierda. No sé explicarlo más sencillo.
Ejemplos interesantes pueden ser rasgos psicológicos como la introversión, u orientaciones sexuales como la homosexualidad o condiciones como la neurodiversidad (como el autismo), todas las cuales han sido juzgadas (y todavía lo son en algunos entornos) como algo para corregir. Sufrir por querer cambiar algo así es una confusión.
Confundir un sufrimiento LIBERADOR (que sí sería pero que no identificamos) con uno que es LÍMITE (que no lo es pero se piensa que sí).
Es decir, no cambiaré X porque dejaría de ser yo (pero no eres X) y por eso sufro (porque acepto esto que digo no poder cambiar lo que soy pero en realidad sí).
La confusión: cuando no sufrimos pensando que eso no va con nosotros, saboteando así nuestra esencia, el despliegue de todo tipo de potencialidades.
La realidad: no nos percatamos de que es un límite autoimpuesto, un límite resultado de inseguridades y miedos que sí podrían ser gestionables si lo enfrentáramos de forma inteligente o apoyado por especialistas.
Un ejemplo sería la persona que no quiere conectar con sus emociones y vulnerabilidad porque sufre mucho y no se percata que le ayudaría a reconocer patrones de relación que le dañan o dañan a otros.
Esto es algo así como el meme de “sé tú mismo, excepto si eres gilipollas” (entonces, por favor, cambia).
La importancia del contexto

Todos estos procesos de sufrimiento y crecimiento personal tienen que ser vistos en el contexto de que somos personas parte de un mundo. Cualquier problema individual es sistémico y contextual. Dedicar bonitas palabras al desarrollo de la esencia propia e individual sin considerar el entorno sería peligroso porque nos podría estar faltando una parte de la fórmula. O quizás sería como tener la gota del océano sin océano. Algo faltaría sin duda.
La libertad de poder ser nosotros mismos implica saber aprovechar nuestro potencial pero también el potencial del mundo que nos rodea. A la vez, implica la responsabilidad de respetar nuestros límites pero también los límites del mundo.
Podemos intentar ser nosotros mismos pero eso también depende de buscar contextos, personas y grupos donde sintamos menos límites externos, como cuando un caballo busca un llano donde cabalgar. Y aún así, aún encontrando esos entornos privilegiados (los cuales no siempre están disponibles porque no controlamos todas las circunstancias y porque los recursos y posibilidades son finitas) también habrá que admitir que siempre habrá un grado de limitación que venga de fuera, igual que viene de dentro. Puede que encontremos un trabajo que parece encajar mucho con lo que necesitamos para desplegar nuestro talento y lo que somos, pero podría no haber el presupuesto necesario para pagarte debidamente (no estando en tus manos hacer nada), o que el horario no te permitiese hacer un curso o cualquier otra cosa que te supusiera cierto límite.
La clave aquí, respecto a los límites del contexto, es la aceptación. Ante lo que no podemos cambiar, lo que daría paz y nos abriría a la vida, es la aceptación. La aceptación es lo que nos abriría a recibir lo que hay, lo cual suele ser más que suficiente para sentirnos vivos. O eso quiero pensar, no lo sé.
En conclusión

La tragedia de todo esto es la cantidad de oportunidades que tenemos para sentirnos vivos y la poca capacidad de saber valorar la libertad y oportunidades que tenemos.
Cuánto dejamos de vivir por querer vivir lo que no somos o no aceptamos.
Cuánto sufrimiento inútil vivimos y cuánto sufrimiento útil evitamos.
Para reflexionar.
Ahora te invito a mirar dentro de ti: identifica aquellos sufrimientos que has etiquetado como límites. ¿Son realmente muros insuperables o puertas esperando ser abiertas? ¿Y al revés? ¿Y los que has identificado como liberadores? ¿Lo son realmente o en realidad son límites?

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