¿Puede la astrología ser una forma de evitar la frustración y la incertidumbre? Un estudio experimental sobre esoterismo y psicología
Puede resultar curioso, incluso un poco paradójico, que una persona que lleva años trabajando con astrología psicológica haya decidido investigar si las narrativas esotéricas pueden funcionar como una forma de evitación o escape ante la frustración. Lo entiendo. A primera vista, podría parecer que alguien que se dedica a la astrología solo debería defenderla, justificarla o hablar de sus posibilidades más luminosas. Pero mi posición es algo distinta. Precisamente porque me interesa la astrología, porque la practico, porque la estudio, porque sé lo potente que puede ser como lenguaje simbólico, considero importante preguntarme también por sus riesgos, sus malos usos y sus zonas menos cómodas.
Ante todo, soy una persona curiosa y responsable con lo que hago. Y eso significa no convertir una herramienta en un refugio intocable. La astrología puede abrir preguntas, ayudar a elaborar experiencias difíciles, dar lenguaje a partes de nosotros que a veces no sabemos nombrar y generar una sensación de sentido cuando estamos atravesando momentos confusos. Pero también puede utilizarse para escapar de decisiones, justificar patrones rígidos, evitar el contacto con el dolor o convertir una crisis en una explicación cerrada demasiado pronto.
No creo que el problema sea “creer” o “no creer” en astrología, ni tener una sensibilidad simbólica, ni sentirse atraído por la espiritualidad New Age, ni puntuar alto en rasgos relacionados con experiencias inusuales. La pregunta verdaderamente interesante es otra: ¿desde dónde lo haces y qué función cumple eso en tu vida?
Este estudio nace de ahí. No pone a prueba si la astrología predice acontecimientos ni si las explicaciones esotéricas describen cómo funciona el mundo. Aquí la pregunta es más concreta: cuando una persona se siente bloqueada, frustrada o con poca capacidad de actuar, ¿aumenta su preferencia por explicaciones esotéricas para afrontar esa experiencia? Y, si ocurre, ¿en qué personas se observa ese cambio?
1. Qué hace una creencia en nuestra conducta
En psicología, a veces lo más importante no es solo el contenido literal de una creencia, sino la función que cumple. Una misma frase puede ser medicina o una cárcel según el uso que le demos. Por ejemplo, “esto me está enseñando algo” puede ayudar a una persona a sostener una crisis con más amplitud, paciencia y perspectiva. Pero también puede servir para no tomar una decisión necesaria, para aguantar una relación dañina o para evitar una conversación incómoda. La misma frase, dos funciones muy distintas.
Con la astrología ocurre algo parecido. Una carta natal puede ser un mapa simbólico para hacerse preguntas, reconocer patrones, elaborar contradicciones internas y ganar perspectiva. Pero también puede convertirse en una coartada elegante para no cambiar nada: “soy así porque tengo Saturno en el Ascendente”, “esto tenía que pasar por este tránsito plutoniano”, “no puedo hacer otra cosa porque mi carta tiene un stellium en Capricornio”. Cuando esto sucede, el símbolo deja de abrir posibilidades y empieza a estrecharlas.
Por eso, en este trabajo me interesaba especialmente diferenciar entre un uso simbólico y flexible de las narrativas esotéricas (cuando ayudan a elaborar, pensar, jugar, conectar, imaginar y actuar mejor) y un uso rígido o evitativo (cuando sirven para cerrar demasiado rápido una explicación, reducir el contacto con el malestar o sustituir la acción concreta). La clave clínica no es solo qué cree una persona, sino si esa creencia amplía o estrecha su repertorio de conducta.
2. Qué entiendo por afrontamiento esotérico
Para poder investigar algo, primero hay que definirlo de una forma que pueda medirse. Esta es una de las partes más bonitas y más difíciles del método científico: convertir una intuición compleja en algo observable sin destrozarla por completo. Es como intentar estudiar una melodía. Si la reduces demasiado, pierdes la música. Si no la ordenas nada, no puedes analizarla.
En este estudio llamé afrontamiento esotérico a una preferencia situacional (es decir, lo que la persona dice que elegiría ante la situación concreta que se le presenta) por usar narrativas mágicas, teleológicas o espirituales para reorganizar una experiencia frustrante. Dicho más claro: cuando algo se bloquea y no puedo actuar como querría, puedo intentar encontrar sentido, señales o una forma indirecta de control a través de explicaciones esotéricas.
Lo dividí en tres formas principales. La primera fue la teleología cósmica (interpretar una crisis como parte de un destino, un aprendizaje o un orden superior). Su función sería aportar sentido. La segunda fue la sincronicidad apofénica (leer coincidencias o señales ambiguas como personalmente significativas). Su función sería ofrecer orientación. La tercera fue la fusión pensamiento-acción positiva (creer que la visualización, el deseo, la intención o la energía mental pueden influir materialmente en el desenlace). Su función sería ofrecer una forma de control o agencia indirecta.
3. Incertidumbre no es lo mismo que frustración
Una parte importante del estudio fue diferenciar la incertidumbre de la frustración. La incertidumbre aparece cuando no sabemos qué va a pasar. Es ese estado de niebla donde faltan datos, donde la mente busca señales, predicciones, indicios, algo que permita orientarse. La frustración, en cambio, tiene una cualidad más concreta: sé lo que quiero o necesito hacer, pero algo lo impide. No es solo “no sé qué ocurrirá”, sino “hay una meta bloqueada”.
Por ejemplo, incertidumbre sería no saber si te van a llamar de un trabajo. Frustración sería recibir una respuesta burocrática absurda que impide avanzar en un proceso que dependía de ti. Incertidumbre es estar en una habitación a oscuras buscando el interruptor. Frustración es encontrar el interruptor, pulsarlo y descubrir que la instalación no responde.
Esta diferencia importa porque el estudio no buscaba generar una duda abstracta, sino una experiencia de restricción de agencia (una situación donde la persona siente que su capacidad de actuar queda bloqueada). Y cuando la agencia se bloquea, a menudo buscamos otra manera de recuperar algún tipo de control. Si no puedo cambiar el obstáculo, quizá intento cambiar el significado del obstáculo. Ahí pueden entrar las narrativas simbólicas, espirituales o esotéricas.
4. La metodología: cómo estudiar algo tan subjetivo
El estudio fue experimental, cuantitativo y online. La muestra final fue de 205 personas adultas, asignadas aleatoriamente a dos condiciones: 114 a la experimental, diseñada para activar frustración y restricción de agencia, y 91 a la de control, más neutra y procedimental. La comparación permite estudiar el efecto de la situación inducida. No convierte, sin embargo, todas las asociaciones entre cuestionarios en relaciones de causa y efecto.
El procedimiento tuvo tres fases. En la primera, las personas respondían a cuestionarios sobre características previas al experimento. Se midieron la frecuencia de experiencias inusuales y el malestar asociado mediante la dimensión positiva del CAPE-42, la intolerancia a la frustración mediante la FDS y la orientación New Age mediante la NAOS-10. En el CAPE, «positivo» es un término técnico: no significa agradable, saludable ni beneficioso, y una puntuación no constituye un diagnóstico.
En la segunda fase, 24 horas después, se pedía a las personas que recordaran una experiencia autobiográfica. En la condición experimental, esa experiencia estaba relacionada con frustración o bloqueo. En la condición control, era una situación más neutra o rutinaria. Después, mediante inteligencia artificial, se generaba una notificación personalizada vinculada a una meta o área vital relevante para la persona.
La IA permitió adaptar las notificaciones a metas y áreas vitales de cada participante, buscando que la situación resultara más cercana. Esa personalización pretendía aproximar el experimento a una experiencia relevante para la persona, aunque no demuestra por sí sola que los resultados se reproduzcan fuera del estudio. También introdujo variabilidad: no todas las personas recibieron exactamente el mismo contenido.
En la tercera fase, las personas leían la notificación, respondían a medidas de urgencia de alivio y completaban una matriz de afrontamiento situacional. Aquí podían mostrar preferencia por estrategias racionales, evitativas simples o esotéricas. No se planteaba una oposición rígida entre razón y esoterismo. Una persona podía querer analizar el problema de forma racional y, al mismo tiempo, buscar sentido simbólico. En la vida real funcionamos así muchas veces: no somos sistemas puros, sino repertorios mezclados, contradictorios, simultáneos.
5. Lo primero: la manipulación funcionó
Antes de interpretar cualquier resultado, había que comprobar algo básico: ¿la inducción experimental generó realmente más malestar o más demanda regulatoria? Si un experimento pretende estudiar frustración, primero tiene que mostrar que ha producido algo parecido a frustración. Si no, todo lo demás queda en el aire.
Los resultados indicaron que el grupo experimental mostró un mayor incremento de emoción negativa durante el recuerdo autobiográfico y una mayor urgencia de alivio después de la notificación. Son dos medidas tomadas en momentos distintos. Las diferencias tuvieron tamaños del efecto de d = 0,52 y d = 0,73, respectivamente. Dicho de forma sencilla: la condición experimental produjo más activación negativa y más necesidad declarada de aliviarla que la condición de control. Querer aliviarse no significa haber conseguido alivio.
Esto es una de las cosas que me gustan del método científico: antes de lanzarse a interpretar grandes ideas, te obliga a comprobar si el paso anterior está bien puesto. Es como construir un puente. No puedes discutir la belleza del arco si antes no has comprobado que los pilares sostienen peso.
6. El resultado principal: no fue tan simple
La hipótesis más directa habría sido pensar: si una persona se frustra, aumentará su afrontamiento esotérico. Pero los datos obligaron a matizarla. En el modelo principal, la diferencia entre condiciones no fue estadísticamente significativa cuando la frecuencia previa de experiencias inusuales estaba en su valor medio. Para entender el resultado había que mirar si esa diferencia cambiaba según el nivel previo de dichas experiencias.
Esto, lejos de ser un problema, hace el resultado más interesante. Porque las personas no reaccionamos igual a las mismas situaciones. La psicología rara vez funciona como una máquina expendedora donde introduces “frustración” y sale automáticamente “pensamiento mágico”. El contexto importa, pero también importa la historia previa, la sensibilidad de la persona, su disponibilidad simbólica, su relación con experiencias inusuales y su estilo de afrontamiento.
El hallazgo más relevante apareció al estudiar esa interacción: si la diferencia entre el grupo experimental y el de control variaba según la frecuencia previa de experiencias inusuales. Una mayor frecuencia se relacionó con mayor preferencia por afrontamiento esotérico. Sin embargo, el incremento asociado a la condición experimental fue menor a medida que aumentaba esa frecuencia previa. Esto describe un patrón estadístico; no demuestra que unas personas estuvieran «saturadas» de pensamiento simbólico.
La diferencia entre condiciones fue significativa al estimarla en un nivel bajo de experiencias inusuales: el percentil 16. No lo fue en los niveles medio y alto examinados. No significa que «la frustración vuelva esotérica a la gente», ni que todas las personas con puntuaciones bajas respondan igual. En ese nivel del cuestionario, el modelo estimó una preferencia media mayor por estrategias esotéricas en la condición experimental. Se trata de una respuesta declarada ante una situación, no de una conversión de creencias ni de un cambio estable demostrado.
En el modelo moderacional, la interacción entre condición experimental y frecuencia de experiencias positivas fue significativa (b = −0.918, p = .024), y el efecto experimental apareció en niveles bajos de frecuencia basal (b = 0.415, p = .028). El modelo explicó aproximadamente el 20,3 % de la varianza.
7. New Age, CAPE y una diferencia importante
También se analizó si ocurría algo parecido con la orientación New Age basal. Y aquí el resultado fue distinto. Las personas con mayor orientación New Age tendían a mostrar más preferencia general por afrontamiento esotérico, lo cual es bastante esperable. Pero la orientación New Age no moderó de forma significativa el efecto experimental.
Dicho de forma sencilla: estar más de acuerdo con creencias New Age se relacionó con una mayor preferencia por estrategias esotéricas, pero no se detectó que cambiara el efecto de la condición experimental. La adhesión a unas creencias y la frecuencia de experiencias inusuales son medidas distintas, aunque puedan estar relacionadas.
Con el CAPE se detectó una interacción; con la orientación New Age, no. Es una diferencia relevante para seguir investigando, pero no basta para afirmar que el CAPE sea un predictor superior de la reacción al experimento. Para sostener esa comparación habría que contrastar directamente ambos efectos.
8. Un resultado que evita patologizar
Otra hipótesis planteaba que quizá el malestar asociado a experiencias inusuales explicaría más el afrontamiento esotérico que la mera frecuencia de esas experiencias. Es decir, quizá no importaba tanto tener experiencias inusuales, sino sufrir por ellas.
Al analizarlas por separado, tanto la frecuencia como el malestar asociado se relacionaron con el afrontamiento esotérico. Al introducir ambas en el mismo modelo, solo la frecuencia conservó una asociación estadísticamente significativa. La precisión importa: no es que el malestar no tuviera relación, sino que no aportó una contribución independiente significativa una vez considerada la frecuencia.
Este resultado invita a evitar atajos: una puntuación en experiencias inusuales no permite concluir que alguien esté peor, ni tampoco que esté mejor. El estudio no evaluó si las estrategias elegidas mejoraban o empeoraban la vida de los participantes. Para valorar su función habría que observar qué ocurre después: si facilitan decisiones, mantienen bloqueos, permiten afrontar el dolor o van estrechando las posibilidades de actuar.
Aquí es donde mi posición personal y profesional es bastante clara. No me interesa ridiculizar la sensibilidad simbólica, ni reducir lo espiritual a un error, ni tratar toda creencia no convencional como si fuera un síntoma. Pero tampoco me interesa idealizarlo. Hay formas de espiritualidad que abren mundo y formas de espiritualidad que lo cierran. Hay astrología que ayuda a pensar y astrología que ayuda a no pensar. Hay símbolos que permiten respirar y símbolos que se convierten en una habitación sin ventanas.
9. Razón y esoterismo no son necesariamente enemigos
Uno de los matices más importantes del estudio es que los resultados no indican que la frustración sustituya lo racional por lo esotérico. De hecho, en conjunto, el afrontamiento racional fue superior al esotérico. Esto es relevante porque evita una interpretación sensacionalista.
Las estrategias racionales y esotéricas podían coexistir. Una persona podía decir: “voy a pensar qué pasos concretos puedo hacer el lunes” y, a la vez, “voy a intentar encontrar algún sentido en los tránsitos astrológicos a lo que me está pasando”. Esto se parece bastante más a cómo funcionamos los seres humanos. Podemos ser analíticos y poéticos, pragmáticos y supersticiosos, escépticos y necesitados de sentido, todo a la vez. La mente no es un parlamento ordenado, sino una plaza pública llena de voces.
Como criterio para explorar en la práctica, me interesa preguntar qué función cumple el símbolo. Una narrativa puede acompañar una decisión o convertirse en una forma de aplazarla. Este estudio no prueba la utilidad clínica de la astrología; plantea preguntas sobre el uso de determinadas explicaciones y sobre las consecuencias que habría que observar para valorar ese uso.
10. Lo que este estudio no demuestra
También es importante decir lo que este estudio no demuestra. No demuestra que las creencias esotéricas sean patológicas. No demuestra que la astrología sea evitativa por naturaleza. No demuestra que la frustración cause pensamiento mágico en todas las personas. No demuestra mecanismos internos de forma definitiva, como alivio, cierre explicativo o control secundario. Los sugiere como interpretaciones plausibles, pero no los demuestra directamente.
Además, el estudio trabajó con autoinformes y viñetas hechas con IA, no con conducta observada en situaciones naturales. Una persona puede decir que elegiría una estrategia en un cuestionario y luego comportarse de otra manera en la vida real. Esto no invalida el estudio, pero delimita su alcance.
El índice de afrontamiento esotérico también requiere más desarrollo. Los tres ítems fueron útiles para este experimento, pero no constituyen todavía una escala psicométrica consolidada. En futuras investigaciones habría que ampliar los ítems, estudiar mejor su estructura y comparar con religiosidad, espiritualidad, pensamiento mágico, reinterpretación positiva, inflexibilidad psicológica y otros procesos relacionados.
Y la inteligencia artificial, aunque permitió personalizar los estímulos, también introduce un reto metodológico. Personalizar aumenta cercanía, pero reduce uniformidad. En investigación, esto es una tensión preciosa: cuanto más se parece algo a la vida, más difícil es controlarlo; cuanto más lo controlas, menos se parece a la vida.
11. Qué aporta, entonces
Para mí, la aportación principal del estudio es proponer una forma no patologizante y no ingenua de estudiar las creencias esotéricas. No reducirlas a irracionalidad. No convertirlas en síntoma. No romantizarlas como si siempre fueran sabiduría. Analizarlas por su función.
Esto tiene implicaciones para la psicología, pero también para quienes trabajamos con astrología, espiritualidad o lenguajes simbólicos. La pregunta ética no es solo “¿esto resuena?”. La pregunta ética es también: ¿esto ayuda a vivir mejor, a decidir mejor, a contactar mejor con lo que duele, a actuar con más libertad?
Si la respuesta es sí, quizá el símbolo está funcionando como puente. Si la respuesta es no, quizá está funcionando como anestesia.
En mi manera de trabajar, entiendo la astrología como un lenguaje simbólico para formular preguntas y elaborar relatos personales. Esa propuesta no equivale a una eficacia psicológica demostrada por este estudio ni valida sus afirmaciones sobre el mundo. Necesita convivir con la duda, con la evidencia y con las consecuencias concretas de las decisiones. Un símbolo puede resultarnos significativo; eso no basta para saber si nos está ayudando.
12. Una conclusión personal
Este trabajo no nace contra la astrología. Nace desde un amor crítico por ella. Desde la intuición de que lo simbólico merece ser pensado con rigor, precisamente porque puede tocar zonas muy profundas de la experiencia humana. Y también desde una convicción clínica: las personas no solo necesitamos verdades objetivas, también necesitamos sentido, orientación, relatos, imágenes y formas de sostener lo que no controlamos. Pero cuando el sentido se vuelve demasiado rápido, demasiado cerrado o demasiado cómodo, puede dejar de ser sentido y convertirse en evitación.
Quizá la pregunta final no sea si una creencia es racional o irracional, espiritual o científica, verdadera o falsa. Quizá, al menos desde una mirada psicológica, la pregunta más fértil sea: ¿qué hace esta creencia contigo?
¿Te abre o te encierra? ¿Te ayuda a mirar o te ayuda a no mirar? ¿Te permite actuar o te permite aplazar indefinidamente la acción? ¿Te acompaña en el dolor o lo tapa con una explicación bonita?
Ahí, creo, empieza una conversación más honesta entre psicología, espiritualidad y pensamiento crítico. No una conversación para ganar una guerra cultural, sino para aprender a usar mejor nuestros símbolos, nuestras dudas, nuestras heridas y nuestras formas de buscar sentido cuando la vida, como tantas veces, no responde como esperábamos.
Investigación completa
Este artículo es una versión divulgativa de mi investigación Afrontamiento esotérico ante una inducción experimental de frustración: restricción de agencia, esquizotipia positiva y estímulos personalizados mediante IA, realizada en la Universidad Internacional de La Rioja dentro del Máster Universitario en Psicología General Sanitaria, con tutoría de Carlos Suso Ribera.

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