La delirante pretensión del control del caos
Ya menos para ser un viejo loco
Ahora sí, hoy cumplo 40 vueltas al Sol. Ayer me compré unas zapatillas de colores que confirman mi crisis o que he madurado y me atrevo a vestir como me siento. A saber.
E Inauguro este newsletter.
Entre dos eternidades

Siento estar entre dos eternidades: un pasado que se pierde en la inmensidad de mi infancia, ancestros y creación del universo, y un futuro que anticipa un periodo apasionante de vida y decadencia, muerte y una humanidad extendiéndose hasta el fin del universo.
Sinceramente, siempre creí que moriría antes de los 40. Perdonad ponerme malrollero. Para mí es placentero hablar de estos temas. Podéis imaginar el éxito en mis citas cuando era joven.
Pues eso, creía que no iba a llegar a hoy. Esa fue siempre mi intuición. Imagino que así lo imaginé en su momento por mi atracción al riesgo, por mi simpatía por temáticas que despiertan profundos odios (me imaginaba asesinado).
Empezamos bien la newsletter, no sé por qué me da por hablar de esto.
La intuición de los orangutanes

Sé que hay personas que dirían que mi intuición falló porque no estaba (o estoy) alineado a mi alma (que está conectada con el internet del cosmos) y otras chuminadas. Este tipo de recursos explicativos siempre me han parecido el deus ex machina de los pseudoespirituales.
Aclaremos que la intuición es un proceso inconsciente y trabaja con lo que tiene. Toda intuición se da en el ser humano y, por ende, está sujeta a lo falible. A cagarla, vamos. Eso es lo que nos hace humanos y no pasa nada. Yo no sé si esta pretensión de querer ser como dioses omniscientes viene de no saber sostener nuestra humanidad o de un deseo genuino de trascendencia o algo así.
En cualquier caso, como siempre digo, el mundo espiritual es un lugar de visita y no para estar viviendo de forma permanente. Por supuesto, en estos newsletters hablaré de espiritualidad pues es un tema que me fascina, pero siempre desde un lugar cauteloso.
Humildad, humanidad y divinidad

Por compartir algo íntimo -algo que creo que haré con frecuencia por aquí- hace pocas semanas pude hacer una inspiradora y reveladora sesión con un experto en captar el relato que individualmente motiva nuestro caminar (y en parte, nuestro camino). Mariano titulaba mi “árbol del karma” como “la delirante pretensión del control del caos».
No podía ser un título más lúcido y sustancial.
Pudo captar de qué manera mis motivaciones personales, interpersonales y profesionales, así como mis problemas, vienen muy condicionadas por una expectativa de control del misterio. Imagino que esa es mi parte escéptica y científica intentando lo imposible: controlar lo espiritual, los impulsos destructivos, los instintos, etc..
También es cierto que con el tiempo he ido rebajando expectativas.
Pero la verdad es que el misterio sigue atrayéndome como un agujero negro con ganas de devorarme.
Esther somos todas y todas

Ayer me metí a la cama a medianoche después de ver un peliculón (LIFE). Esther, mi mujer, estaba con el móvil. Me reconoció haber entrado en bucle mirando ropa, IG.. y ello estando muerta de sueño. Acabó sabiamente su explicación con un “soy una puta gilipollas”.
Esther somos todos y todas.
Confieso que estoy extremadamente peleado con el universo digital. Los mayores expertos del mundo han creado una maquinaría diseñada para captar nuestra atención. Y ahora con la Inteligencia Artificial la capacidad de tenernos atrapados será todavía más eficiente.
Nunca había sentido más superficialidad en mis pensamientos y emociones. Y quiero recuperar la creatividad, la ensoñación e inmersión emocional e intelectual.
Os comparto algunos consejos que me estoy autoaplicando (os dejo un vídeo que me ha inspirado) para poder recuperar un ritmo más sano.
Antes de nada, quiero aclarar que el mundo digital no es malo en sí mismo, sino que el problema es el tipo de relación que establecemos con él.
También ofrece grandes oportunidades: socialización y obtención de conocimiento de gran calidad, además de entretenimiento de calidad y productividad. No obstante, por cómo funcionamos, vamos a lo fácil y rápido, y perdemos la oportunidad de muchos de estos beneficios por culpa del mercado digital más salvaje e inhumano que nos facilita unos hábitos y no otros.
Los consejos:
Pre-selecciona el contenido digital que te interesa. Casi que lo ideal sería poder ver ese contenido sin estar conectado.
Desactiva notificaciones.
Aléjate de los dispositivos. No tengas posibilidad de tener un impulso y consultar el móvil o el dispositivo que uses.
Define momentos para revisar tu dispositivo.
Abúrrete.
Céntrate en una sola cosa. No somos multitarea, ni los géminis ni nadie. Por supuesto que hay muchas situaciones que requieren una agilidad y capacidad de procesamiento para atender a muchos estímulos, pero eso no significa romantizar ser multi-tasking.
Sostén el síndrome de abstinencia. Hemos automatizado tanto la necesidad de novedades y refuerzos en forma de likes o nueva info impactante, que somos unos yonkis y hay que mentalizarse que no es tan fácil sustituir hábitos.
Volver al papel o a tareas sin tecnología. Yo por ejemplo me guardo artículos, los imprimo y encuaderno.
En conclusión

Al llegar a esta cifra emblemática, me doy cuenta de que cada paso, cada elección, cada par de zapatillas coloridas, es parte de una danza más amplia con el universo.
Aunque nuestras intuiciones nos guíen (a menudo hacia caminos inesperados) es en la aceptación de lo desconocido donde encontramos parte de nuestra esencia buscada.
En este viaje hacia y más allá de los 40, invito a cada uno de nosotros a abrazar tanto el caos como el orden, el misterio como la certeza, y encontrar en ellos el ritmo que da sentido a nuestra existencia.
No quiero enrollarme más… he disfrutado de este ratito. Espero que tú también.
Y os dejo un temazo. La letra para mí no es significativa. Para mí la música lo es todo y el lenguaje me molesta. De hecho ahora que entiendo bastante inglés la música ha perdido un poco de su magia. He empezado a escuchar música en koreano.
Por si quieres más y no lo leíste: “Reflexiones en mi tercio de vida”

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