Anhelos de conexión
Familia álmica
Somos animales sociales. La soledad, sobre todo cuando no es elegida, es uno de los factores de riesgo más ampliamente relacionados con la complicación, severidad y malestar psicológico. Disponer de apoyo social nos protege incluso de las consecuencias de las peores experiencias.
Hace relativamente poco compartía en YouTube uno de mis vídeos más personales hablando sobre la soledad. Ahí compartía la sensación de soledad y no pertenencia que he vivido siempre.
Pero no siempre fue así.
Infierno

Cuando era pequeño era muy curioso, jugaba a muchas cosas, disfrutaba con el fútbol y el baile, con el judo y todo tipo de juegos. Creo que era un niño social y afortunado. Me relacionaba con niños y niñas con naturalidad. Era todo muy diver. Al menos hasta la separación de mis padres cuando tenía nueve años. La soledad que viví después me rompió en mil pedazos e interrumpió mi apertura al mundo y a la intimidad. Tuve que desarrollar un mundo interior donde me sintiera vivo y acompañado.
Seguía teniendo amigos pero algo había cambiado en mí. Podría decirse que me relacionaba desde un lugar ansioso o a veces directamente decidía evitar la experiencia de socializar.
Recuerdo en la adolescencia lo mal que lo pasé cuando estaba en el autobús para irnos de colonias varios días y mi único amigo de verdad, Edu, parecía que no iba a venir. Siempre recordaré esa angustia. Y sí, sí que vino. Y fueron días muy divertidos! Con Edu siempre fue todo muy creativo, estimulante y cultural. Hasta que nuestra inmadurez y otros factores deterioraron el vínculo.
Ganas de vivir

A pesar de mis deficiencias sociales, por mis ganas locas de vivir, no dejé de experimentar y aprendí a socializar. Recuerdo mi torpeza social cuando tenía 18 años y vivía en Irlanda. Una madrugada éramos 3 personas en la sala de estar de nuestra casa y un compañero y compañera estaban claramente conectando de una forma erótica y sutil, era una verdadera danza de alientos que buscan respirarse. Yo interrumpí con un comentario absolutamente falto de consciencia de lo que estaba pasando. Estropeé un momento sublime por mi desconexión e ignorancia. Vergüenza ajena de ese Aleix. Y podría compartir muchos otros casos. Tengo para aburrir.
Como decía, motivado por la curiosidad, con el tiempo fui experimentando todo tipo de contextos sociales, siempre muy diferentes entre sí: partidos políticos de diversas ideologías, ambientes artísticos, grupos de clases sociales diferente, contextos laborales de trabajos como fábricas o supermercados, la inmersión como militar donde había una cultura preciosa de compañerismo (y que sanó mucho en mí), el ambiente universitario, primeras parejas con las que establecer apegos, el mundo alternativo del desarrollo personal y espiritual, etc.
Una diversidad tan grande de contextos ha conseguido que hoy en día me considere una persona bastante abierta y flexible con la gente. Sí es cierto que hay tipos de personas que elijo no pasar un minuto con ellos porque honestamente prefiero mirar fijamente la pared de mi casa.
Gente hater

Siempre me he llevado bien con gente hater, gente que comparte su odio, que transmite rabia. De hecho mi grupo preferido de la adolescencia era “Rage Against the Machine” y mucha de la música que escuchaba era básicamente un grito-rayo destructor a lo Godzilla. Seguramente era un grito ahogado pidiendo amor y atención, una frustración y tristeza infinita por no sentir una raíz y un hogar.
Pero la gran parte de esa rabia se ha tranquilizado en mí. De hecho me siento más tranquilo, vulnerable y sensible que nunca. En parte por mi trabajo, los recientes estudios en psicología, el ser padre y marido de una mujer maravillosa con un apego seguro, y por todo un proceso terapéutico que últimamente está transformando mucho de dentro de mí que elijo no seguir reproduciendo.
Ya no soy (solamente) ese niño.
En cualquier caso, volviendo a esas amistades hater, me duele el alma e incomoda escuchar ciertos comentarios -sobre todo si son generalizaciones de cuñao despechado– contra la mujer, inmigrantes, “locos”, ancianos, niños (!), homosexuales o personas con otras ideologías…
Puedo reírme de casi cualquier cosa pero creo que puedo identificar cuando se usa el humor para ser destructivo. Es cierto que el humor puede tener elementos de catarsis, puede ser una válvula de escape, lo entiendo, pero que no sea tu puta única manera de gestionarlo. Ves a terapia, madura. Reconstruye tu lado derrumbado. No derrumbes. Que te derrumbas.
Anhelos de conexión

Actualmente me siento en una crisis profunda y uno de los temas es justamente el tema de la amistad y el pertenecer a un grupo donde sienta amor. Es consabido que el individualismo de esta sociedad nos ha fragmentado y separado más que nunca. Realmente anhelo algo más comunitario y afín a mi persona.
Estoy en búsqueda de un entorno habitual que sea grupal.
Tengo ya algunas ideas de actividades afines a mi persona que de forma natural me podrían traer oportunidades de vínculos y estoy emocionado por ello. Lo que busco es creatividad, inquietud intelectual y artística, apertura de corazón, intensidad experiencial y libertad.
Por suerte vivo en una ciudad como Barcelona y tengo opciones realmente interesantes.
Unas últimas reflexiones

Respecto a los entornos sociales, permíteme unas reflexiones-recomendaciones.
Si eres una persona influenciable (y no lo digo despectivamente), con espíritu de adolescente, que por complacer sueles adaptarte a los que te rodean, asegúrate rodearse de un grupo sano y afín a tu persona. La facilidad para pertenecer puede llevarte a ser aquella persona -en boca de todos los padres de la Tierra- que si ve a sus amigos tirarse de un tejado, realmente también lo hace.
Si eres influenciable quizás no has experimentado la soledad o has sentido e identificado tu esencia, por lo que puede ser difícil para ti discriminar lo que de verdad te es afín a tu esencia.
Si eres una persona independiente o capaz de mantenerte fiel a ti mismo (o diferente) respecto al grupo de pertenencia (cuando se dan diferencias de interés o motivación), pues lo mismo, que sea un entorno sano y afín. Sobre todo para evitar la fricción innecesaria o la excesiva sensación de no pertenencia.
Todo requiere autoconocimiento, un grado de autonomía, explorar posibilidades, tener suerte, paciencia, desarrollar habilidades sociales, ir probando, ir viviendo fiel a uno mismo…

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