He aprendido, y no por los libros ni por la teoría, que los grandes proyectos –los que importan de verdad– son como travesías largas en territorios que nunca terminamos de conocer del todo. No hay mapas definitivos. Hay brújulas internas que a veces fallan, hay cansancio, hay la tentación de abandonar y volver a casa, aunque ya no sepamos dónde queda eso.
A veces uno sigue caminando porque no hay otra.
Porque el suelo bajo los pies es lo único que queda.
Y entonces te preguntas…
¿Cómo estar a tope con los proyectos vitales?

Hablo de esos caminos que se recorren con la carne, el corazón y la mente. Por ejemplo, para mí Ser Contigo no es un proyecto: es lo que me pasa a mí cuando intento reconciliar lo que soy con lo que quiero ofrecer al mundo. Mi motivación es máxima. ¿Es suficiente para sostener, a largo plazo, el equilibrio entre lo que uno es y lo que el entorno necesita? A veces, esa balanza tiembla. Y la brújula también. Y nos descubrimos consultando un mapa que ya no sirve o que nunca existió.
Y eso es lo que vengo a contarte hoy: cómo sostener la motivación cuando el viaje es largo, incierto y a veces duele. Este texto es para ti si estás en medio del camino, si dudas, si te pesa el cansancio de las decisiones, o si hay una vocecita que te dice que quizás es más fácil parar.
Pero también es para ti si sientes que tu aventura, aunque difícil, tiene sentido.
Porque vale la pena seguir caminando.
1. Contexto: el paisaje importa tanto como tu paso
Voy a ser claro: no puedes motivarte solamente desde dentro. Esa imagen del héroe solitario que no necesita de nadie es una mierda peligrosa. Necesitas contexto. Entorno. Redes que sostengan, que celebren contigo las pequeñas victorias que tú ni siquiera sabes ver. Y es que si algo me está enseñando Ser Contigo es el poder que tiene el refuerzo social.
Es más fácil realizar un proyecto si vas obteniendo recompensas sociales (como agradecimiento de los clientes, feedback en redes sociales, etc.). Si a esto le sumas un beneficio económico, con todo lo que ello supone, la motivación se dispara.
Creo que es importante no subestimar el peso del refuerzo social y económico. Estoy de acuerdo de que es preferible que los proyectos pudieran ser actividades que hiciéramos gratis, pero es muy motivador el placer que genera conseguir algo por esa palmadita a la espalda que trae el susurro cómplice de “toma, te lo has ganado, sigue”. Además, los futbolistas juegan para ganar divirtiéndose, pero si no hubiera competición no sería tan divertido.
Las dificultades propias del mercado son, al mismo tiempo, los desafíos que suman valor e intensidad a la experiencia. Y no es un lujo: a veces puede marcar la diferencia entre abandonar y seguir.
Así pues, esperar que la motivación surja de la nada es como pedirle a una planta que crezca sin agua.
Necesitamos refuerzos constantes, no solo internos, sino también externos, sociales, materiales, emocionales o simbólicos.
Consejo práctico: busca un lugar donde puedas mostrar los resultados de tus procesos, no sólo el producto final. No esperes aplausos por la obra maestra; acepta los abrazos por el intento y déjate motivar por lo positivo que recibas.
- Haz inventario de tus refuerzos. ¿Qué te da placer? ¿Qué te nutre? ¿Qué te devuelve energía?
- Recompénsate sin culpa y diseña pequeñas gratificaciones sostenibles.
- El refuerzo tiene que ser algo frecuente, pequeño pero ya significativo. Evita focalizarte solamente en refuerzos muy grandiosos y a largo plazo, porque la espera desgasta.
- Céntrate en lo que refuerce el proceso. Focus. Haber subdividido tu proyecto en fases, subfases, rutinas, tareas, objetivos, etc. es de gran ayuda.
Y por supuesto, cuando llegues al final, déjatelo sentir. El orgullo de haber acabado algo difícil, complejo y prolongado es lo que suele constituir una autoestima más sólida.
2. Los valores: tu brújula interior no miente (pero a veces se queda sin pilas)
Una vez, hace años, escuché a alguien decir (creo que lo leí en Nietzsche) que si sabes por qué caminas, no importa lo difícil que sea el paso. No estoy del todo de acuerdo, con el puto Nit-che. A veces el por qué se difumina en el cansancio, aunque siga siendo tímidamente el ancla. A veces, tenerlo borroso dificulta asegurarte de que tus decisiones están alineadas con tus porqués.
Y cuando eso ocurre, el riesgo es que avancemos sin rumbo, o peor, en dirección contraria a lo que realmente importa.
Por eso, pregúntate:
¿Qué dice de ti lo que haces?
Si tus decisiones no son un espejo de tus valores, te vas a romper por dentro, aunque logres el éxito.
Hacer un plan estratégico, para mí, es un ejercicio de autoconocimiento feroz. Realizar un plan es mirarte al espejo y preguntarte si quieres de verdad vivir lo que dices que quieres.
No es marketing. Es integridad.
Ejercicio práctico: escribe tres valores. Y luego revisa tu agenda. ¿Coinciden tus acciones semanales con eso? Si no, ajusta el rumbo. Tu brújula interior lo agradecerá.
3. La estrategia como proceso de autodescubrimiento (no solo como plan de negocios)
Seguimos con el mismo tema. El plan de empresa es una autopsia en vida. Es como abrirte en canal antes de lanzarte al viaje.
El plan desnuda tus incoherencias, jerarquiza tus prioridades. Si tu estrategia de ventas o de comunicación no se siente como tú, no va a funcionar. O lo que es peor: va a funcionar, pero te vas a vaciar en el camino.
Por eso, insisto: haz de tu plan un camino de autoconocimiento.
Porque, ¿qué ofreces si no sabes quién eres?
Esto puede funcionar incluso si tu negocio lo tomas como algo ajeno a ti. Siempre podemos hacer pequeños ajustes para encontrar ese equilibrio entre lo que somos y el mundo. Y no tiene que ser un equilibrio perfecto, tampoco digo eso, porque las circunstancias son limitadamente modificables y siempre habrá fricciones.
4. El estrés y el control: encontrar estructura sin enjaularse
El estrés aparece cuando pierdes el control y la predictibilidad. Es humano desear saber qué pasará, querer controlar la dirección y la velocidad. Pero este es el juego: crear estructuras lo bastante sólidas para sostenerte (y sentir seguridad y menor estrés) y ser lo bastante flexibles para respirar y fluir con la incertidumbre. Predictibilidad sin rigidez, como un puente colgante firme pero que cede al viento.
¿Qué necesitas para sentirte competente?
¿Qué rutinas te permiten no estar al borde del caos todo el tiempo?
Yo tengo mis recursos y rituales: sistema de organización adaptado a mis hábitos; escribir a ciertas horas según si quiero algo más productivo, reflexivo o emocional; quedar con gente; bailar cuando la cabeza casi me estalla; ir al gymn; ver series; silenciar el mundo cuando el ruido de afuera no me deja escucharme.
Consejo práctico: busca un pequeño ritual que te devuelva el control. Algo simple: una lista al inicio del día, un espacio para respirar, un “hoy solo haré esto”. La competencia y la previsibilidad se entrenan como cualquier músculo. Y cada vez que lo haces, algo dentro de ti recupera la calma.
Si lo que te estresa no se puede controlar y el problema es el sufrimiento inevitable, entonces échale un ojo al punto 6.
5. Tu personalidad como terreno de juego (o de batalla)
Conocerte es clave. Por ejemplo, yo tengo cierta devoción por el test de personalidad que ha sido más ampliamente estudiado y validado: el modelo de personalidad de los Big Five.
En mi caso, tengo una alta energía y creatividad (Apertura 4,33/5 y Extraversión 4,33/5), pero también necesito estructura y momentos de calma para no saturarme y mantener el equilibrio (Neuroticismo 2,5/5).
Tú necesitas saber lo mismo de ti. No para etiquetarte, sino para diseñar un contexto que te permita jugar con ventaja.
Ejercicio práctico: revisa tus rasgos y pregúntate:
- ¿Qué me ayuda a avanzar?
- ¿Qué me sabotea y cómo puedo suavizarlo?
Spoiler: no hay personalidad perfecta para la motivación. Solo formas distintas de entrenarla.
6. Sufrir es el precio de amar algo (y de hacer algo que importa)
Voy a decirlo sin adornos: si quieres un proyecto que no duela, mejor no lo hagas.
El dolor es el precio de la profundidad.
Los que me seguís ya sabéis que estoy intensito con este tema. Me interesa especialmente aprender a no huir del sufrimiento. Es el peaje que pagas por amar una idea, por querer crear algo valioso, por sostener una visión que no es de consumo rápido.
Así como el amor profundo te expone a la pérdida, los proyectos que de verdad importan te exponen a la incertidumbre y la frustración. Pero también te abren a la plenitud.
¿Quieres motivación? Aprende a sostener el dolor de la espera, la frustración del fracaso y la incertidumbre del proceso.
Estoy dispuesto a sufrir [nombre del dolor] porque amo [nombre del valor].
Hazlo real. Hazlo tuyo. Llévalo contigo, como un mantra o un recordatorio en el móvil.
7. La comunidad como refugio y desafío
No puedes hacerlo solo. Aunque puedas, no deberías.
A veces creemos que el camino se recorre hacia dentro, pero la verdad es que somos quienes somos gracias a quienes nos rodean. La comunidad es el espejo que te devuelve el sentido cuando tú lo pierdes. A veces, basta una conversación honesta o una mirada cómplice para recordarte quién eres y qué haces aquí.
No solo necesitas una comunidad que te apoye: tú también sostienes a otros, aunque no siempre seas consciente. Tu palabra, tu escucha, tu simple presencia pueden ser el faro de alguien. Porque el sentido no siempre se encuentra mirando hacia uno mismo, sino mirando hacia los lados y reconociendo que somos parte de algo más grande, una red que también nos define.
A mí me sostiene esta tribu pequeña: quienes se quedan después de los talleres, los que responden a mis textos diciendo “yo también”, los amigos que me escuchan sin querer resolverme…
Es tan mágico cómo la red humana nos salva de la autocompasión vacía y nos invita a seguir avanzando.
Busca la tuya.
O créala.
Ser Contigo
Ser Contigo es algo que amo con todo mi ser. Equilibra lo que me apasiona con lo que siento que puedo aportar. Estoy aprendiendo sobre mercado, comunicación, estrategia… lo que antes me parecía ajeno, ahora lo abrazo y poco a poco se va haciendo familiar, haciendo honor a mi apellido.
Y sigue creciendo. Psicología, cuerpo, expresión, pensamiento crítico, vínculos, sufrimiento, creatividad. Distintas formas de aproximarme a una pregunta que probablemente me acompañe siempre: cómo vivir una vida lo bastante consciente como para no tener que anestesiarnos ante ella.
Ser sin mi ex
Ya puedo nombrar a Esther, mi ex.
Aunque ahora es más anecdótico, a días sigo un poco de bajón (y está bien para mí conectar con la tristeza). Este tema es lo que tiene. Sé que no queda mucho para que este tema esté bastante archivado pero no sé, creo que mejor procesarlo al máximo antes de convertirlo en una foto de recuerdo, una canción que fue pegadiza hasta la obsesión, una canción que me hacía amar la música de la vida en toda su amplitud.
No quiero evitar la tristeza. No tengo ninguna prisa. Es natural sentir dolor después de haber compartido tanto y perder esa conexión, con todo lo que rodea algo así, con una hija y…
La motivación que hoy siento por todo lo que estoy haciendo con mi proyecto siento que no puedo compartirlo con ella. Ya no toca. Sé que puedo compartirlo con amigos pero no sé, con ella era diferente. Teníamos una conexión especial, profunda. Y eso ya no está. Y a veces me cuesta aceptarlo sin más.
Ahora el “mi” de “mi ex” es lo único que tengo de ella.
Mi, mi, mi, posesivo que ya no tiene sentido, ya no es mi Esther. Ahora es mi nada, ya no es mi compañera íntima/de pareja de vida en este momento. Todavía me impacta cuando le pongo palabras.
Y tampoco es justo lo que digo. Porque ella siempre responde muy bien cuando le comparto. Es decir, ella no es “mi nada”. Somos compañeros muy íntimos y sé que compartiremos siempre mucho. Lo que pasa es que por ahora no me veo con corazón de compartir demasiado porque me activa un fuerte apego, tristeza, deseo e incluso la esperanza. Sé que a medio plazo podrá haber una relación bonita desde la admiración, el amor, el cuidado y la familiaridad. Pero ahora es demasiado complicado para mí. Me supera.
Y eso también está bien. Sí, hay algunos procesos pendientes todavía, a veces siento que no se acaba nunca… justo como el amor que yo sentía.
El otro día revisaba el tiempo de crisis de mi relación y yo hubiera jurado que fueron 5 meses de proceso, pero me sorprendió mucho que prácticamente fueron 2 meses de eterna agonía, 15 kg de pérdida de peso (de 85 a 70 kg), con un esguince muscular en la espalda baja, lo cual me impidió procesar el estrés haciendo ejercicio o moviéndome mucho. Bien quietecito, despacito, sintiéndolo rico, así, sentaito.
¡Hay que ver todo lo que se aprende al tener que buscar otras formas de regular el estrés! En mi caso: la terapia con mi psicólogo (Miguel Ángel Manzano, una persona que admiro mucho y que agradezco tanto por su acompañamiento en tales momentos), la terapia de pareja (sobre la cual un día me gustaría hablar), el dejarme sentir el sufrimiento de forma cruda, las lecturas, meditaciones, conversaciones, análisis, expresión emocional, escritura creativa, etc.
Quizá tú también estés soltando algo o a alguien. Quizá estés viviendo la paradoja de agradecer un vínculo mientras aprendes a soltarlo sin anestesia. Y eso también es motivación: amar sin agarrar.
Cierre todos juntos
Y aunque ya no pueda compartir todo esto con ella, sí puedo compartirlo contigo. Con vosotros. Con quienes camináis, dudáis, sufrís y crecéis como yo.
Ser Contigo pretende eso: una tribu que camina sin certezas, pero con coraje. Donde a veces nos arrastramos, otras nos reímos, y otras nos lanzamos de cabeza al abismo… sabiendo que no estamos solos.
Tengo muchos proyectos y sueños en marcha. Algunos están a punto de salir. Y quiero hacerlo acompañado. Con gente como tú.
Y si algo he aprendido es que no siempre hay que entenderlo todo antes de dar el paso. A veces nos perdemos de tanto mirarnos, y el camino se aclara simplemente cuando caminamos junto a otros, sin pensarlo tanto.
Menos análisis y más encuentro.
Menos brújula interior y más manos que se agarran.
Seguimos.
Abrazos de los buenos. Sin palmaditas.

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