La daga viscosa
Dolor emocional y ansiedad
El dolor emocional no tiene nada que envidiar al dolor físico. En esta encarnación nunca he sido destripado vivo pero últimamente me siento degollado por una daga afilada y viscosa de fluidos verdes. En concreto siento una dolorosa pelota de metal candente en la garganta. Me cuesta tragar. A la vez siento en mi plexo solar una bola de uranio extremadamente radiactiva que desintegra en un instante todo lo que soy, toda mi vitalidad, todo mi poder, todo mi amor por mí y los demás. Y sin un yo, yo no soy nada. Nada. Nadie. Un cero. Sin valor. Inexistente. Así me siento cuando tengo estas crisis, ionizado por un pasado traumático, corporizado por un presente retador para mis demonios.
Pasado y presente están confundidos. Lo que pasa y lo que interpreto, también. Tengo mucho por recorrer y asimilar. La persona y circunstancias que yo era cuando sufrí lo que sufrí no es la misma persona que la de ahora ni las mismas circunstancias. Qué fácil de decir, qué difícil de sentir si no hay un proceso terapéutico controlado. Pues no se puede hacer de cualquier manera. Sentir el dolor emocional extremo puede requerir límites, apoyo, amor, esperanza, valentía. En ese orden, más o menos.

Para dolores menos extremos, existen algunos métodos útiles. Cuando la causa del dolor tenga más que ver con algo nuestro (aunque qué difícil reconocer esto), cuando realmente no sea una señal de algo externo a evitar (aunque podemos interpretar lo de afuera como amenaza por cómo nos sentimos), cuando sea algo propio de la vida, en ese caso, puede ser útil dejárselo sentir, dejarnos atravesar por ello, dejarnos inspirar por ello, a ver qué nos sugiere expresar (y a no ser que suponga un daño para uno mismo u otras personas u objetos, expresarlo). Ni siquiera hace falta entenderlo… se puede llorar por llorar. En general, hacer ejercicio puede ayudar mucho a regularse. También escribir sobre lo que nos pasa y sentimos, y hacerlo a mano.
Respecto a compartir nuestras emociones con otras personas, yo creo que es bueno ser transparente y comunicar cómo nos sentimos. ¿Sabías que los demás no son adivinos?. Hacernos entender facilitará que los demás tengan más empatía. Aunque hay límites: el sincericidio. No se trata de vomitarlo todo. Creo que hay que saber autocontrolarse, saber sostener la ansiedad, porque si no aprendemos demasiado a depender del apoyo de los otros y puede ser demasiado cargante o difícil para otros. Es cierto que tener una red de apoyo es lo más maravilloso que se puede tener, lo cual es justo lo que esta sociedad individualista está perdiendo, pero autoinhibirse supone un endurecimiento necesario, sobre todo si uno es intensito de cojones como yo.
El ser humano es increíblemente resiliente. Creo que es positivo decir que un porcentaje increíblemente pequeño (que muchos expertos no explican con sus modelos teóricos) de personas que sufren el trauma desarrollarán un problema significativo después. Y es que un bosque puede quemarse pero rebrotará lleno de vida pasado un tiempo. Esa es la tendencia natural. Podemos ser un desierto en un momento dado pero luego, con un adecuado flujo de calor, agua y nutrientes, reforestar ese terreno yermo. Es el milagro de la vida.
¿Sabías que tú también -para ti mismo y para el mundo que te rodea- participas en este milagro?

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